La figura del payaso se relaciona con el arquetipo del niño. Como el niño, el payaso se descubre a sí mismo, el mundo y su relación con él partiendo de « cero », sin huellas.
Gracias a su ingenuidad y curiosidad, pero también gracias a su valentía el payaso explora el mundo a través de los sentidos. Como en el niño, el mundo del payaso es contradictorio: para él, el mundo real y el mundo imaginario no están claramente separados.
Una cuchara de repente puede convertirse en un dinosaurio, y él decide si le gusta o no y cómo quiere jugar con él.


El payaso nos conecta con nuestro niño interior y con nuestra creatividad. El payaso nos invita a redescubrirnos a nosotros mismos y el mundo que nos rodea, como una oportunidad para despertar y para conocernos. Al aceptar su invitación podemos buscar dentro de nuestro espacio imaginario nuevas respuestas y encontrar en nosotros recursos insospechados.