El payaso es el espejo de nuestras deficiencias. En términos junguianos se diría que nos revela nuestra “sombra”. Las Sombras, son los aspectos de nuestra personalidad que rechazamos y que tratamos de ocultar a los demás, incluso a nosotros mismos. Por ejemplo, una persona tímida puede no darse cuenta de que en realidad levanta su voz o que adopta una actitud casi agresiva cuando habla con extraños.
Todos conocemos que esta clase de contradicciones pueden presentarse repentinamente en forma de trampas o « saboteadores » para hacernos la vida difícil.

En lugar de ocultarlas o disfrazarlas, de sentir vergüenza o sentirse herido en su imagen, el payaso juega con ellas y las exagera. Así, las concientiza y las hace visibles. En la improvisación y en el juego, el payaso inventa nuevas formas de reacción, dentro de su espacio creativo.

Cuando el payaso nos muestra su fragilidad, sus vacilaciones y sus defectos, cuando comparte sus emociones verdaderas y cuando nos hace reír o llorar con él, se convierte en el espejo de nosotros mismos y nos ayuda a transformar nuestras debilidades, nuestros miedos y nuestras necesidades.